Historias del Mercado #1

 

Como algunos pueden saber, suelo montar una pequeña tienda pop up, en el centro de Alicante, en el Mercado de Artesanía de la Santísima Faz. Aquí conozco a clientes en persona, y, porque Alicante es una ciudad que alberga muchos turistas, eso me da la oportunidad de conocer a personas muy interesantes.

La historia de hoy es sobre un cliente de Suiza que se casó con una señora española muy simpática. Antes de la pandemia este señor, que toca la guitarra, me había comprado 3 camisetas de golpe. Todas ellas relacionadas con música. Pero con la movida del coronavirus, dejé de montar el puesto de camisetas durante unos tiempos, y, clientes como este, dejaran de verme mientras visitaban la ciudad.

Hace unos días, veo una señora acercarse muy lentamente al puesto. Sí, como en cámara lenta. Yo lo vi un poco raro al principio, pero todavía estaba preparando el puesto, sacando las camisetas a poner en la mesa. Le he dicho “Hola” y ella me ha devuelto el saludo con una sonrisa radiante (quizás hasta contagiosa porque sentía que hasta sonriendo un poco más que lo habitual). Empecé a reproducir mi discurso de ventas, el cual interrumpe diciendo que “¡Ya había estado aquí, con su marido, y que llevaban años buscándome!”. En ese momento me he sorprendido, pero sí que su cara no me parecía del todo extraña. Me contó que a su marido le habían encantado las camisetas que me había comprado. Tanto, que se las ponía muy poco y en días especiales, para no estropearlas y preservarlas al máximo. Y que cuando se las ponía que la gente se le quedaba mirando más que lo habitual.

¡Vaya! En ese momento, me entró un sentimiento de orgullo y gloria que me llevó a comunicarle lo agradecido que me sentía por compartir eso conmigo. La señora incluso me reveló que un día su marido se cabreó porque una de las camisetas, su favorita de las tres, se cayó por detrás de unos de sus cajones sin que se diera cuenta. Al no encontrarla durante varios días llegó puesto a ponerse nervioso del disgusto de no poder ponérsela. No me había dado cuenta, hasta ese momento, que mis clientes podían dar tanta importancia a mis productos. Por lo que le he dicho a la simpática señora que “son historias como estas que hacen que tenga ganas de seguir adelante y hacer más y mejor”.

retrospective

La señora llamó a su marido, que estaba en Suiza, para comunicarle la feliz redescubierta que acababa de hacer. Hablaban en alemán, por lo que no entendí muy bien lo que decían a parte de confirmar su talla habitual de camiseta.

La visita de esta señora se culminó con la compra de una camiseta y la promesa de volver a verme dentro de unas semanas para llevarse más. Nunca vender algo ha tenido tan buen sabor.

¡Vamos!
¡A por esos días!